viernes, 20 de abril de 2012

MIGUEL I DE PORTUGAL. EL TRADICIONALISTA.

Miguel de Braganza y Borbón. Nació el 26 de octubre de 1802 en Lisboa, Portugal. Hijo del Rey Juan VI de Portugal y de la Infanta Carlota de España. Algunas fuentes han sugerido que Miguel podría ser hijo ilegítimo de una relación adúltera entre su madre y uno de sus supuestos amantes. Lo que está claro es que Miguel era el hijo favorito de la Reina. Miguel no estaba destinado a ser Rey de Portugal, pero su hermano mayor, el Príncipe Pedro de Braganza, renunció a la sucesión para proclamar la independencia de Brasil, el cual separó políticamente de Portugal en 1822, fundando el Imperio de Brasil como estado autónomo. Ante ello, la sucesión al trono lusitano recayó en el muy conservador Príncipe Miguel. Miguel de Braganza era un admirador del canciller Metternich de Austria y políticamente un conservador que creía en la monarquía absoluta y que rechazaba todo intento de otorgar poder político a la población al alegar que la ignorancia de las masas hacía conveniente un Rey de poderes omnímodos que asegurase la estabilidad del país. Lideró dos revoluciones contra su padre en la década de 1820, la Vilafrancada, con la cual consiguió que las Cortes liberales de 1820 fueran disueltas y se devolviera a su padre el poder real absoluto; pocos meses después el Príncipe Miguel dirigió la fallida Abrilada para dominar las decisiones del propio Juan VI en tanto el Rey se negaba a derogar la Constitución de 1820 y restablecer el absolutismo, ganándose Miguel una sentencia al exilio en Austria con esta última sublevación. Durante su estancia en Austria el trabó conocimiento personal con el absolutista canciller austriaco Klemens von Metternich y se adhirió plenamente a sus ideas. Al morir el Rey Juan VI en marzo de 1826, el gobierno del Reino quedó encargado a un Consejo de Regencia en Portugal presidido por Isabel María de Braganza, hija de Juan VI. El heredero aparente era el Emperador de Brasil Pedro I pero éste abdicó en su hija de nueve años María, para evitar las pretensiones de su hermano Miguel. Esta abdicación quedó condicionada hasta que fuera aceptada la Carta Constitucional de 1826 y su hija casara con su hermano. Al ser menor de edad, la Reina María II, Pedro IV requirió a Miguel asumir la Regencia el 03 de julio de 1827, pero antes le pidió jurar lealtad a la Constitución. Miguel aceptó y salió de Viena hacia Lisboa, llegando a la capital portuguesa por mar el 22 de febrero de 1828. Cuando Miguel llegó a Lisboa asumió el rol de Lugarteniente General del Reino pero sólo con gran dificultad y voz entrecortada participó en el juramento de lealtad a la Constitución cuatro días después, quedando la incógnita de si Miguel aceptó o no ese juramento. Finalmente, ante las demandas aristócratas absolutistas, Miguel disolvió las Cortes el 13 de marzo de 1828, sin convocar otras nuevas, ganando apoyos entre la nobleza absolutista y el clero hasta que el 28 de junio de 1828 fue proclamado Monarca absoluto, aboliendo la constitución establecida por su hermano Pedro y expulsando del trono a su sobrina María; tras algunos breves combates, Miguel impuso su autoridad en todo el país, salvo la isla de Madeira. Miguel intentó conseguir ayuda internacional para su régimen, pero el gobierno del Duque de Wellington en el Reino Unido cayó en 1830, justo antes de que concediera el reconocimiento oficial a Miguel I como Monarca. En 1831, Pedro de Braganza abdicó del trono del Imperio de Brasil y se trasladó a las islas Azores, desde donde lanzó ataques navales a Portugal hasta que logró desembarcar una fuerza apreciable e inició una guerra civil entre ambos hermanos. Tras tres años de guerra civil, Miguel perdió gran cantidad de partidarios debido a su régimen excesivamente violento y brutal, además de perseguir a súbditos de Gran Bretaña o Francia por sospechas de liberalismo, lo cual hizo que ambos gobiernos le retirasen su apoyo. Incluso llegó a una alianza informal con el Infante Carlos María Isidro de Borbón, que dirigiría las Guerras Carlistas en la vecina España, lo cual le ganó a Miguel la enemistad del Rey español Fernando VII. Casi sin apoyos internos o externos, y con varias derrotas militares, Miguel se vio obligado a abdicar el 26 de mayo de 1834 y fue enviado al exilio por el vencedor Pedro. Vivió durante un tiempo como refugiado en la miseria en Roma, en los apartamentos proporcionados por el Papa Gregorio XVI, quien también le dio un subsidio mensual. En 1851, después de pasar varios años en Inglaterra, se trasladó al Gran Ducado de Baden, en el sur de Alemania. Allí se casó con la Princesa alemana Adelaida de Löwenstein-Wertheim-Rosenberg, hija de Constantino José, Príncipe Heredero de Löwenstein-Wertheim-Rosenberg y de la Princesa María Inés Enriqueta de Hohenlohe-Langenburg. De dicho matrimonio nacieron siete hijos: María de las Nieves, casada con Alfonso de Borbón, hijo del pretendiente carlista Juan III; Miguel de Braganza, abuelo del actual Duque de Braganza; María Teresa, casada con el Archiduque de Austria Carlos Luis; María José, casada con el Príncipe Carlos Teodoro de Baviera, Duque en Baviera; Adelgunda, casada con Enrique de Borbón Parma, conde de Bardi; María Ana, casada con el Gran Duque de Luxemburgo Guillermo IV; y María Antonia, casada con el Duque de Parma, Roberto, y madre de Zita de Borbón-Parma, última Emperatriz autrohúngara. Miguel vivió el resto de sus días sin poder retornar a Portugal, en tanto Pedro retiraba derechos sucesorios a los descendientes de Miguel, que adoptó en el exilio del título de Duque de Braganza. Murió mientras cazaba en el Bronnbach, Karlsruhe, Alemania, el 14 de noviembre de 1866, a los 64 años de edad. Fue sepultado en el panteón de la familia de su esposa en el monasterio franciscano de Engelberg en Grossheubach, Baviera. En 1967 su cuerpo y el de su esposa fueron trasladados al panteón de los Braganza en el antiguo Monasterio de São Vicente de Fora en Lisboa.