miércoles, 1 de diciembre de 2010

FEDERICO GUILLERMO II DE PRUSIA.


Federico Guillermo de Hohenzollern. Nació el 25 de septiembre de 1744 en Berlín, Prusia. Hijo del Príncipe Augusto Guillermo de Prusia y de la Duquesa Luisa Amalia de Brunswick-Lüneburg. Se convirtió en Heredero al trono de Prusia tras la muerte de su padre en 1758, ya que el Rey Federico II de Prusia no tuvo hijos. De joven era tranquilo, amante del placer, contrario a todo tipo de esfuerzo y sensual por naturaleza. El 14 de julio de 1765 en Charlottenburg, Prusia, Federico Guillermo se casó con la Princesa Isabel Cristina de Brunswick-Lüneburg, hija de Carlos I, Duque de Brunswick-Lüneburg, y de la Princesa Filipina Carlota de Prusia. De dicho matrimonio nació una hija: Federica Carlota, casada con Federico, Duque de York. La pareja se divorció en 1769. Posteriormente se casó el 14 de julio de 1769 en Charlottenburg, Prusia, con la Landgravina Federica Luisa de Hesse-Darmstadt, hija de Luis IX, Landgrave de Hesse-Darmstadt y de Carolina de Zweibrücken. De dicho matrimonio nacieron siete hijos: Federico Guillermo III de Prusia; Cristina; Luis; Federica Luisa, casada con el Rey Guillermo I de Holanda; Augusta, casada con Guillermo II, Elector de Hesse; Carlos; y Guillermo. El Príncipe Heredero estuvo siempre influenciado por su amante Guillermina Enke, convertida posteriormente en Condesa Guillermina von Lichtenau, una mujer de fuerte intelecto y mucha ambición, quien le dio muchos hijos. Se dedicó a las artes, Beethoven y Mozart disfrutaron de su patrocinio, y su orquesta privada tenía una gran reputación en Europa. Federico Guillermo ascendió al trono el 17 de agosto de 1786, y sus primeras medidas fueron aligerar las cargas del pueblo, la reforma del sistema de opresión francesa de recaudación de impuestos implementado por Federico, el fomento el comercio y la realización de caminos y canales. Esto le dio gran popularidad al nuevo Rey por parte de su pueblo, mientras que las clases cultas se alegran por la eliminación de la prohibición de Federico de usar el idioma alemán, por la admisión de escritores alemanes en la Academia Prusiana, y por el estímulo dado a las escuelas y universidades. El 09 de julio de 1788 se emitió el famoso edicto religioso que prohibió a los ministros evangélicos enseñar cualquier cosa que no figurase en la letra de sus libros oficiales, proclamó la necesidad de proteger la religión cristiana contra los "ilustradores", y se impuso en los centros de enseñanza la supervisión del clero ortodoxo. El 18 de diciembre 1788 se publicó una nueva ley de censura, para asegurar la ortodoxia de todos los libros publicados y, por último, en 1791, una especie de Inquisición Protestante se estableció en Berlín para velar por todos los nombramientos eclesiásticos y académicos. Los efectos de esta política de oscurantismo pesaron más que cualquier acción bienintencionada del Rey para mejorar la economía y las finanzas. Mucho más fatídico para Prusia fue la actitud del Rey hacia el ejército y la política exterior. El ejército era la base misma del estado prusiano, el orgullo de los Reyes Federico Guillermo I y Federico II de Prusia. Federico Guillermo, que no tenía gusto por los asuntos militares, dejó su lugar como cabeza del ejército al colegio supremo de la guerra, lo que fue el comienzo de un proceso que terminó en 1806 con la Batalla de Jena. En estas circunstancias, la intervención de Federico Guillermo en los asuntos europeos no resultó beneficiosa para Prusia. Mientras tanto, la Revolución Francesa había entrado en fases alarmantes, y en agosto de 1791 el Rey se reunió en Pillnitz con el Emperador Leopoldo II del Sacro Imperio para apoyar la causa del Rey Luis XVI de Francia. Una alianza formal se firmó el 07 de febrero de 1792, y Federico Guillermo tomó parte personalmente en las campañas de 1792 y 1793. Sin embargo, falta de fondos y el asunto de Polonia que amenazaba con una intervención aislada de Rusia, hizo que el Rey se apresurara a firmar el Tratado de Basilea por separado con la República Francesa (05 de abril de 1795), que fue considerada por las grandes Monarquías como una traición, y dejó a Prusia moralmente aislada en Europa en vísperas de la titánica lucha entre el principio monárquico y el nuevo credo político de la Revolución. Prusia había pagado un alto precio por los territorios adquiridos a expensas de Polonia en 1793 y 1795, y cuando, el 16 de noviembre de 1797 en Potsdam, Prusia, Federico Guillermo I murió, dejó el estado en quiebra y sumido en el caos, el ejército en descomposición y su monarquía desacreditada. Fue sucedido por su hijo, Federico Guillermo III de Prusia.