viernes, 5 de diciembre de 2008

MUERE EL PATRIARCA DE MOSCU Y DE TODA RUSIA. ALEXEI II.


El máximo dirigente de la Iglesia Ortodoxa de Rusia, el Patriarca Alexei II, murió el viernes a los 79 años de edad en su casa de Peredelkino, en las afueras de Moscú, informó la institución religiosa sobre el jerarca que encabezó un amplio resurgimiento postsoviético de la fe aunque fue acusado de convertir el credo en una fuerza nacionalista. Su nombre laico era Alexei Ridiger, y fue el decimoquinto Patriarca de Moscú y de toda Rusia desde 1589, cuando fue instaurada tal dignidad eclesiástica. La Iglesia Ortodoxa se abstuvo de mencionar las causas del deceso, pero el Patriarca había padecido del corazón desde hace tiempo. Alexei II fue desde el 10 de junio de 1990 el principal jerarca de la congregación ortodoxa más grande del mundo, que según la mayoría de las estimaciones agrupa a dos tercios de los 142 millones de habitantes de Rusia. El patriarca llegó a dirigir la iglesia cuando la Unión Soviética, oficialmente atea, suavizaba las restricciones a la religión. Con la caída de la Unión Soviética al año siguiente, la popularidad de la iglesia tomó fuerza. Los domos de los templos que fueron despojados de sus placas de oro en el régimen soviético volvieron a brillar, los templos convertidos en bodegas o destruidos fueron restaurados y la televisión nacional comenzó a transmitir en directo largas misas en grandes festividades religiosas. Sin embargo, Alexis II se quejó con frecuencia de que la nueva libertad religiosa en Rusia había significado una presión enorme sobre la iglesia y lamentó lo que consideró acciones de otros credos para atraer feligreses entre personas que deberían pertenecer a la Iglesia Ortodoxa. Su sucesor al frente de la Iglesia Ortodoxa Rusa, según la mayor parte de los observadores, podría ser el Metropolita Kirill de Smolensk y Kaliningrado, actual Jefe del Departamento de relaciones exteriores del Patriarcado. Kirill es uno de los prelados rusos con mayor talla intelectual y el más popular, ya que, debido a sus excelentes dotes oratorias, es invitado habitual en los programas de televisión, no sólo de carácter religioso, sino social.